La mototaxista Rosalba Jiménez se resguardaba del sol bajo la sombra del cambuche que levantó en el municipio de Villa del Rosario, en plena frontera, con dos familias que eran sus vecinas en la barriada de Mi pequeña Barinas, de donde los expulsaron las autoridades venezolanas.
Al mediodía de este jueves, Jiménez miraba orgullosa su moto, que pasó por el río Táchira en su huida, y a sus dos perritos: Lucas y Mailo. Su hija María José jugaba con su guacamaya, Nina, dentro del cambuche levantado con palos y cubierto por un plástico negro.
A lado y lado de su refugio había otros cuatro cambuches. Estaban ubicados cerca de un camino polvoriento, aledaño al río Táchira y lleno de trochas y senderos que conducen a San Antonio, en Venezuela.
En el sector de La Parada, de Villa del Rosario, los refugios como el de Jiménez se cuentan por decenas.
Todos fueron levantados por familias que no quieren alejarse de las pocas pertenencias que alcanzaron a pasar a Colombia.
Todos fueron levantados por familias que no quieren alejarse de las pocas pertenencias que alcanzaron a pasar a Colombia.

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